FORD Y FERRARI LA HISTORIA DE UNA RIVALIDAD

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La historia está llena de rivalidades famosas. Buena parte de ellas emerge de una toma de poder u orgullo herido. Unas cuantas son una combinación de las dos. Sin embargo, las más controversiales son las que crean historias legendarias. Como la saga de cómo Henry Ford II –también conocido como Hank the Deuce – intentó comprar Ferrari en 1963, desatando una enemistad que duró casi una década con Enzo Ferrari, el hombre de carácter fuerte que era dueño de la cochera italiana.

Al centro de la narrativa Ferrari versus Ford –que obtiene todo el tratamiento de Hollywood en la nueva película Ford v Ferrari con los ganadores del Oscar, Matt Damon y Christian Bale– cuenta cómo un trato falla y la reacción de un necio y egoísta titán del mundo automovilístico que está dispuesta a gastar más de 25 millones de dólares y horas de trabajo en ingeniería para vengarse. Para Ford, eso significaba vencer a Ferrari en la carrera de autos más prestigiosa del mundo, las 24 Horas de Le Mans, que históricamente ha sido dominada por el ‘Cavallino Rampante’.

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La historia comienza a principios de la década de los 60s. Los hábitos de consumo en Estados Unidos cambiaron cuando creció la generación de los Baby Boomers. Por primera vez en la historia, la juventud era más importante para la economía estadounidense que sus progenitores. Tenían suficientes ingresos disponibles para gastar en coches, ropa y bienes raíces a diferencia de la filosofía de generaciones anteriores que habían vivido la Gran Depresión y la Segunda Guerra mundial: “un centavo ahorrado es un centavo ganado”. Los boomers buscaban algo único en un vehículo. Querían coches más deportivos y sexys, que valoraran la velocidad y el rendimiento sobre su comodidad y seguridad. Deseaban coches deportivos, algo que los ejecutivos de Ford Motor Co. no pasaron por alto.

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En 1962, Ford estaba saliendo de una importante baja en ventas ocasionadas por fallas en productos como el Edsel y la creciente popularidad de los productos de sus competidores GM y Chrysler. Henry Ford II, CEO e  hijo mayor de Edsel Ford, buscaba desesperadamente dar vuelta a ese rumbo. Los ejecutivos de más alto nivel, incluyendo al gerente de la Ford Division, Lee Iacocca, le ofrecieron la solución: un auto deportivo.

Había un único problema: Ford no tenía un deportivo en su catálogo, ni planes para construirlo (el legendario Mustang de Iacocca estaba a unos años de fabricarse.)

Se decidió que la forma más rápida de integrar un auto al mercado sería adquiriéndolo. Nació la idea, entonces, de comprar Ferrari, que en esos años se dedicaba casi exclusivamente a los coches deportivos.

En la primavera de 1963, después de meses de negociaciones, un acuerdo parecía estar cerca. Ford pagaría 10 millones de dólares a Enzo Ferrari para adquirir su compañía y todos sus bienes. Siendo ex-corredor de autos, Enzo estaba (supuestamente) ansioso por cerrar el trato con Ford para liberarse de la carga diaria de la compañía. De último momento, Ferrari se rehusó ante una cláusula en el contrato que establecía que Ford controlaría el presupuesto, y por ende, todas las decisiones del equipo de carreras Ferrari. Enzo se encontraba reacio a entregar el control del programa de automovilismo de la compañía y se negó a vender bajo esos términos –y a venderle a una compañía ‘fea’ que manufacturaba autos ‘feos’ en una fábrica ‘fea’. Se rumora que también insultó a Henry II insinuando que no era capaz de llegarle a los talones a su abuelo, el verdadero Henry Ford.

Para exprimirle más limón a la herida, Enzo enseguida vendió una acción mayoritario de Ferrari a la cochera italiana Fiat. Algunos ejecutivos de Ford, incluyendo a Henry II, especularon que Enzo nunca tuvo la intención de vender, sino que negociaron con la intención de presionar a Fiat con un precio más alto. La táctica funcionó: Henry II quedó engañado y sin auto.

Como venganza, Henry the Deuce decidió construir un deportivo que humillara a Ferrari dónde le más le dolería: la carrera 24 Horas de Le Mans. Así, se sembraron las semillas para la legendaria carrera GT40.

 

Inicialmente, la tarea de construir el ‘Ferrari Killer’ fue asignada al equipo Ford de vehículos avanzados en Gran Bretaña. Ya estaban trabajando en un auto que utilizaría un motor creado por el equipo experimental de Dearborn, Michigan.

Cuando estuvo listo el primer lote de GT40s, aunque eran muy rápidos, eran también muy inestables e inseguros. Los frenos eran un absoluto peligro.

De acuerdo con Popular Mechanics, los ingenieros de Ford calcularon que cuando un conductor pisara los frenos al final de la recta Mulsanne en Le Mans, los rotores delanteros se calentarían hasta 1500 grados Fahrenheit en segundos, provocando que fallaran. Esto podría ser desastroso –e incluso mortal –para cualquier competidor en el noroeste de Francia; incluso para el mejor corredor del mundo.

Al final, el equipo de Ford no pudo resolver cómo mantener los autos en el tarmac y correr por 24 horas continuas, dos elementos cruciales para ganar la Le Mans. Después de perder contra Ferrari en 1964 y 1965, Ford se acercó al legendario diseñador de autos Carroll Shelby de Los Ángeles y uno de los pocos estadounidenses con una victoria en Le Mans, para manejar sus operaciones de carrera. Shelby (interpretado por Matt Damon) ya era consultor en el proyecto, pero ahora estaba al cargo, único responsable de su éxito o derrota.

Después de un complicado arranque, Shelby y su amigo de confianza, conductor de prueba e ingeniero especialista Ken Miles (interpretado por Christian Bale), reinventaron el GT40 colaborando con el equipo de vehículos avanzado y el equipo de motores experimentales.

Primero, Shelby y Miles mejoraron el manejo y la estabilidad del auto usando pruebas de flujo para optimizar su aerodinámica. Pegaron mechones de lana al exterior del auto para observar cómo el aire viaja sobre y alrededor del vehículo. Cuanto mejor corte el aire el auto se requiere menor poder para impulsarlo, permitiendo un menor consumo de combustible. Si la lana permanecía plana contra el vehículo, todo estaba bien. Si no, esto era un indicador de fallas en el diseño del auto que afectaban su estabilidad y carga aerodinámica. La información recabada permitió a Shelby y Miles hacer las modificaciones necesarias en el cuerpo y las suspensiones del GT40 para mejorar sus maniobras en la pista.

El problema de los frenos fue solucionado por Phil Remington, ingeniero de Ford. Inventó un sistema de cambios rápidos para frenos que permitía a los mecánicos intercambiar pastillas y rotores durante un cambio de conductor para que no se tuvieran que preocupar porque duraran la carrera completa.

Para solucionar preocupaciones de fiabilidad, usaron un dinamómetro. Hoy en día es un paso estándar de fabricación para motores, pero a mediados de los 60s era revolucionario. El dinamómetro es una máquina que puede medir fuerza, poder y velocidad –permitiendo calcular cuánto poder se tiene o necesita. El equipo experimental filmó sesiones de práctica antes de Le Mans y programaron el aparato para recrear los puntos más demandantes de la pista. Después, hicieron correr el motor de 24 a 48 horas para recrear las condiciones qur enfrentaría durante la carrera y asegurar que no se descompondría antes de llegar a la meta.

Todo su trabajo dio fruto y nació el GT40 Mk. II. Ford no solamente le ganó a Ferrari en la Le Mans de 1966: humilló por completo a los sementales italianos. Mientras tanto, los autos de Ferrari ni siquiera acabaron la carrera. Los evolucionados modelos de GT40s se llevaron el primer, segundo y tercer lugar.

El final no llegó sin controversia. Casi al final de la carrera, Miles estaba muy por delante de la competencia, cerca de terminar con el dominio de Ferrari sobre Le Mans y de convertirse en el único corredor del mundo en ganar tres de las carreras de resistencia más importantes –las 24 Horas de Daytona, 12 Horas de Sebring y 24 Horas de Le Mans –en el mismo año.

El gurú de relaciones públicas de Ford, Leo Beebe, quería celebrar la victoria con una fotografía del trío cruzando la meta juntos. Pidió a Shelby que le ordenara a Miles bajar la velocidad para permitir que el resto de los GT40s los alcanzaran. Cuando cruzó la meta, Miles recibió la noticia: no ganó la carrera. Su compañero Bruce McLaren resultó ganador a pesar de haber iniciado varios autos detrás de Miles. Aunque él fue el más rápido hasta el final, McLaren manejó más rápido y más lejos cuando él redujo la velocidad.

Miles murió antes de poder volver a competir en Le Mans. En 1966, mientras hacía pruebas a otro deportivo de Ford en la pista Riverside International en California, perdió el control del auto. No sobrevivió el accidente.

Henry Ford II tuvo una segunda probada de la victoria (y venganza) el siguiente año en Le Mans –un Ford GT40 Mk. IV construido por Shelby (quien falleció en 2012 a los 89 años de edad) ganó la carrera del 67. Ferrari se llevó el segundo lugar.

Mientras tanto el Ford GT40, el gran superdeportivo americano es uno de los autos más coleccionados del mundo, con un precio que comienza en 500 mil dólares para la edición 2020, mientras que la única versión de pista del Ford GT Mk. II se vende en 1.2 millones de dólares, el primera auto Ford que supera el millón en precio. La venganza, parece, sigue pagando.

Hechos vs. Ficción en Ford vs. Ferrari

No todas las rivalidades son suficientemente sexys para Hollywood. Es por esto que los guionistas de Ford vs. Ferrari, John-Henry Butterworth, Jez Butterworth y Jason Keller, tomaron licencia creativa con la historia real. Conoce aquí cinco “desvíos” que tomó la realidad en la película.

Vuelta 1: Henry Ford II se dirigió a la línea de producción de rouge river en Dearborn, Michigan.

Ford tenía 12 lugartenientes entre su jurisdicción y el piso de ensamble. Cualquiera de ellos habría dado el discurso, pero no el CEO.

Vuelta 2: The Deuce fue a dar un paseo en el GT40 Mk. II con Carroll Shelby.

El CEO de Ford Motor Company no podría haberse subido a un deportivo sin la protección adecuada.

Vuelta 3: Lee Lacocca estaba involucrado en las negociaciones con Enzo Ferrari.

Un contingente de Ford sí viajo a Maranello, Italia, bajo órdenes de Henry II para comprar Ferrari, pero Lacocca no era uno de ellos.

Vuelta 4: Ken Miles y Carroll Shelby tuvieron una pelea mientras se preparaban para Le Mans.

Shelby y Miles eran testarudos, intensos y brillantes. No hay duda de que sus ideas chocaban constantemente, cosa que se retrata en la película. Pero no hay evidencia de un altercado físico entre los dos.

Vuelta 5: Los ejecutivos de Ford celebraron en los boxes después de la victoria en 1966.

El auto hubiera sido descalificado si los oficiales de la carrera observaran ese comportamiento en la pista.